La neurociencia explica por qué la amabilidad es mucho más que cortesía: salud, longevidad y evolución.
Un estudio publicado en JAMA Network Open, confirma científicamente: los actos amables activan mecanismos cerebrales que reducen el estrés y mejoran la salud global. Algunos investigadores de Harvard también destacan que las conductas prosociales aumentan la longevidad.
En el libro El poder de la amabilidad, el investigador neurocientifico, Jonathan Benito. Defiende que ser amable no es una cuestión de educación, sino una estrategia biológica y evolutiva que mejora la salud, reduce el cortisol y algunas enfermedades. Se podría decir que nuestro cerebro premia a la amabilidad en muchos aspectos que desconocemos totalmente.
El experto Jonathan Benito insiste en que la educación emocional y la asertividad deberían enseñarse en las escuelas, al igual que las matemáticas. “Una sonrisa, un saludo o llamar a alguien por su nombre pueden cambiar la química del cerebro”, asegura Benito. En La Vanguardia le hemos entrevistado para que nos explique cómo funciona nuestro cerebro.
Las personas amables tienen mayor bienestar emocional y subjetivo, es decir, son más felices. Además, su cuerpo libera menos fibrinógeno, una proteína que coagula la sangre y puede causar infartos o ictus. Ser amable no solo te hace sentirse mejor, también hace que vivamos más años. Esto sucede debido a que ; si nos relajamos, se reduce la liberación de cortisol, la hormona del estrés, con ello se aumenta la neurogénesis (producción de nuevas neuronas) y mejoran las conexiones neuronales. En definitiva, tenemos menos estrés.
Una sonrisa tiene un mensaje muy profundo en el cerebro. Evolutivamente, el ser humano siempre ha vivido en grupos con jerarquías. Ser rechazado significaba la muerte. Por eso, una sonrisa comunica aceptación: “Eres bienvenido, no te haré daño”. Además, cuando sonreímos, se activan las neuronas espejo, y por retroalimentación facial, nuestro cerebro interpreta que estamos alegres y genera felicidad. No hay motivo para no sonreír.
