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Vivir en automático es más común de lo que creemos

Muchas personas no se dan cuenta de que viven en automático hasta que algo las obliga a detenerse. Los días se repiten con la misma estructura, las decisiones se toman por inercia y el tiempo pasa sin dejar demasiados recuerdos claros. Vivir en automático no significa vivir mal, pero sí implica vivir con poca conciencia del presente.
Esta forma de vida suele aparecer cuando el ritmo diario es demasiado exigente. Entre responsabilidades, pendientes y compromisos, la mente entra en modo supervivencia. Se hace lo necesario para cumplir, pero se pierde la capacidad de cuestionar si esa rutina sigue teniendo sentido.
El problema de vivir en automático no es solo emocional, también es existencial. Cuando no se reflexiona sobre lo que se hace, es fácil terminar en lugares que nunca se eligieron conscientemente. La desconexión con uno mismo genera una sensación de vacío difícil de explicar, incluso cuando aparentemente “todo está bien”.
Salir del automático no requiere cambios drásticos. A veces basta con pequeños actos de conciencia: revisar cómo se siente el cuerpo, preguntarse si algo sigue siendo importante o simplemente permitir momentos de silencio. Vivir con intención es una decisión diaria que empieza con prestar atención.

– Por Paco Corral
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