Comprar no siempre es una necesidad; muchas veces es una respuesta emocional. Cambiar la forma en que compras —no lo que compras— puede mejorar notablemente tu autocontrol. Una técnica sencilla es separar el impulso del acto: cuando algo te llama la atención, no lo compres de inmediato, guárdalo mentalmente y vuelve a pensarlo horas después.
Este pequeño retraso reduce las compras impulsivas porque el cerebro sale del modo emocional y entra en un estado más racional. Con el tiempo, aprendes a distinguir entre lo que realmente necesitas y lo que solo querías por un estímulo momentáneo. Este hábito no solo cuida tu bolsillo, también fortalece la disciplina personal.
Adoptar una compra más consciente genera tranquilidad, menos culpa y una relación más sana con el consumo, algo clave en un mundo saturado de estímulos.
– Por Paco Corral
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