Hoy en día, no solo importa a dónde vas, sino cómo se ve. Restaurantes, cafeterías y espacios públicos han comenzado a diseñarse pensando en algo más que su función: su impacto visual.
Los llamados lugares “instagrameables” se han convertido en parte del estilo de vida actual. Colores, iluminación, decoración y detalles están pensados para ser fotografiados y compartidos.
Esto responde a una forma distinta de consumir experiencias. No solo se vive el momento, también se documenta y se convierte en contenido.
Además, estos espacios generan una identidad. Cada lugar busca diferenciarse visualmente para atraer atención y crear una experiencia memorable.
Sin embargo, más allá de las fotos, lo que realmente mantiene el interés es la experiencia completa. Un lugar puede verse bien, pero si no se disfruta, difícilmente se vuelve recurrente.
Esta tendencia muestra cómo el diseño y la experiencia se han vuelto parte del consumo cotidiano.
Hoy, los lugares no solo se visitan, también se comparten.
– Por Paco Corral
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