Durante mucho tiempo, el consumo estuvo muy enfocado en objetos: comprar cosas nuevas, acumular productos o seguir tendencias materiales. Sin embargo, en los últimos años muchas personas comenzaron a priorizar algo diferente: experiencias.
Viajes cortos, conciertos, festivales, cenas especiales o actividades distintas se han vuelto más valiosas para mucha gente que simplemente adquirir cosas nuevas.
Parte de esto tiene que ver con la forma en que se construyen los recuerdos. Las experiencias generan momentos que se quedan mucho más tiempo en la memoria y suelen compartirse con otras personas.
Además, existe una búsqueda cada vez más clara de momentos que rompan la rutina. En un entorno donde gran parte del día se siente repetitivo, vivir algo diferente tiene un peso especial.
Esto no significa que las cosas materiales hayan perdido importancia, sino que ya no ocupan el mismo lugar dentro de las prioridades de muchas personas.
Hoy, mucha gente prefiere invertir en algo que pueda vivir antes que en algo que simplemente pueda guardar.
Y quizá por eso las experiencias se volvieron una parte tan importante del estilo de vida actual.
– Por Paco Corral
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