Antes, aprender algo nuevo implicaba cursos formales, libros especializados o procesos largos de formación. Hoy, gran parte del aprendizaje cotidiano ocurre a través de videos breves, tutoriales y contenido compartido en redes sociales.
Esta transformación ha permitido que habilidades prácticas estén al alcance de cualquier persona. Desde cocinar hasta reparar objetos, aprender idiomas o desarrollar herramientas digitales, el conocimiento circula de manera más abierta que nunca.
Sin embargo, el aprendizaje rápido también plantea desafíos. La información breve puede generar la ilusión de dominio sin práctica suficiente. Ver cómo se hace algo no siempre equivale a saber hacerlo. Por eso, el verdadero aprendizaje sigue dependiendo de la repetición y la experiencia directa.
Las redes sociales funcionan como una puerta de entrada al conocimiento, pero el proceso real comienza cuando se pasa de observar a practicar. Entender esta diferencia permite aprovechar las ventajas del aprendizaje digital sin perder profundidad.
– Por Paco Corral
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