Gran parte de los conflictos personales y laborales surgen de expectativas que nunca se expresaron. Se espera que los demás actúen, entiendan o reaccionen de cierta manera sin haberlo comunicado claramente.
Cuando esas expectativas no se cumplen, aparece la decepción. Sin embargo, es difícil exigir algo que nunca se dijo. Clarificar expectativas ayuda a evitar malos entendidos y resentimientos innecesarios.
Hablar sobre lo que se espera no garantiza que siempre se cumpla, pero sí crea acuerdos más justos. Permite que las relaciones se construyan desde la claridad y no desde suposiciones.
Revisar las propias expectativas también es importante. A veces se espera demasiado de los demás o se colocan responsabilidades que no les corresponden. Ajustar expectativas es una forma de madurez emocional.
– Por Paco Corral
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