Las aplicaciones de entrega inmediata, la información instantánea y la comunicación en tiempo real han transformado la forma en que esperamos las cosas. Hoy casi todo ocurre rápido, y esa velocidad ha modificado la paciencia cotidiana.
Esperar se ha vuelto incómodo. Filas largas, procesos lentos o respuestas tardías generan frustración inmediata porque contrastan con la rapidez a la que estamos acostumbrados. Este cambio no solo afecta la logística diaria, también influye en la manera en que se perciben los procesos personales y profesionales.
Muchas metas importantes requieren tiempo, pero la cultura de la inmediatez crea expectativas irreales sobre resultados rápidos. Cuando algo tarda, se interpreta como fracaso o estancamiento, aunque en realidad siga su ritmo natural.
Reaprender la paciencia implica entender que no todo puede acelerarse. Algunos procesos necesitan maduración, experiencia y repetición. Recuperar tolerancia a la espera permite vivir con menos ansiedad y valorar más aquello que realmente toma tiempo construir.
– Por Paco Corral
Nos vemos en Giros Puebla de lunes a viernes, de 11 am a 1 pm
