Guardar lo que se siente para evitar conflictos es una práctica común. Muchas personas prefieren callar antes que incomodar, discutir o confrontar. Sin embargo, las emociones que no se expresan no desaparecen; se acumulan.
Con el tiempo, esa acumulación se manifiesta en forma de irritabilidad, distancia emocional o reacciones desproporcionadas. Lo que parecía una forma de mantener la paz termina generando mayor tensión.
Expresar lo que se siente no implica hacerlo de forma impulsiva o agresiva. La comunicación clara y respetuosa fortalece los vínculos y previene malentendidos. Decir lo que incomoda a tiempo evita que los problemas crezcan en silencio.
Aprender a expresar emociones es un proceso que requiere práctica y autoconocimiento. No se trata de hablar por hablar, sino de hacerlo con honestidad y responsabilidad emocional.
– Por Paco Corral
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