Las pausas suelen verse como interrupciones improductivas, cuando en realidad son necesarias para mantener un buen rendimiento. Trabajar o vivir sin pausas lleva a la saturación mental y reduce la calidad del enfoque.
Hacer pausas no implica dejar todo por largos periodos. Bastan unos minutos para estirarse, respirar profundo o cambiar de actividad. Estas pausas permiten que la mente se recupere y evitan la acumulación de estrés.
Sin pausas, el cuerpo entra en un estado de tensión constante. Esto afecta la postura, la respiración y el estado de ánimo. Incorporar pausas conscientes durante el día mejora la energía y la disposición emocional.
Aprender a hacer pausas es aprender a cuidar el ritmo personal. No se trata de hacer menos, sino de hacerlo de una manera que pueda sostenerse en el tiempo.
– Por Paco Corral
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