Cuando la vida se vuelve caótica, solemos abandonar hábitos por sentirlos “insuficientes”. Sin embargo, mantener hábitos sencillos —como caminar unos minutos, tomar agua con calma o leer unas páginas— aporta estabilidad emocional en momentos difíciles.
Estos hábitos funcionan como anclas: le recuerdan al cerebro que no todo está fuera de control. Aunque no resuelvan el problema, ofrecen estructura y continuidad, dos elementos clave para la resiliencia emocional.
A veces, lo más pequeño es lo que sostiene todo lo demás.
– Por Paco Corral
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