Muchas personas buscan un gran propósito que dé sentido inmediato a todo lo que hacen. Sin embargo, el sentido de vida rara vez aparece como una revelación clara y definitiva. En la mayoría de los casos, se construye de forma gradual a partir de acciones cotidianas, decisiones pequeñas y coherencia personal.
Esperar un propósito perfectamente definido puede generar frustración y sensación de vacío. Se cree que sin una misión clara no se está avanzando, cuando en realidad el sentido suele surgir del compromiso con lo que se hace en el presente.
El sentido de vida cambia con el tiempo. Lo que fue importante en una etapa puede dejar de serlo en otra. Aceptar esta evolución permite vivir con mayor flexibilidad y menos culpa por cambiar de intereses o prioridades.
Encontrar sentido no siempre implica hacer algo extraordinario. Muchas veces está en vivir de acuerdo con los propios valores, cuidar las relaciones importantes y construir una vida que se sienta honesta. El sentido no siempre se encuentra; muchas veces se crea.
– Por Paco Corral
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