Existe una idea que se ha instalado poco a poco en la vida cotidiana: la sensación de que el tiempo debe aprovecharse al máximo. Viajar, aprender, trabajar, socializar, descansar de manera “correcta”… todo parece formar parte de una lista invisible de cosas que se deberían estar haciendo.
Este pensamiento puede generar una presión constante. Incluso en momentos tranquilos, aparece la sensación de que se podría estar haciendo algo más. Como si cada hora tuviera que justificarse con una experiencia significativa o un resultado visible.
Parte de este miedo está alimentado por la exposición constante a lo que hacen otros. Ver logros, viajes o actividades crea la impresión de que siempre hay algo más que se podría estar viviendo.
Sin embargo, la vida no se construye únicamente a partir de momentos extraordinarios. La mayor parte del tiempo está compuesta por experiencias cotidianas que no siempre parecen relevantes, pero que forman la base de todo lo demás.
Aceptar que no todo el tiempo tiene que ser aprovechado de forma intensa permite reducir esta presión. No se trata de hacer más, sino de vivir con mayor presencia lo que ya está ocurriendo.En un entorno donde todo parece urgente, entender que no hay una forma única de “aprovechar la vida” puede ser una forma de recuperar equilibrio.
– Por Paco Corral
Nos vemos en Giros Puebla de lunes a viernes, de 11 am a 1 pm
