Muchas veces el cansancio no viene de lo que hacemos, sino de lo que esperamos que pase. Expectativas demasiado altas, rígidas o irreales generan frustración constante. Simplificarlas no es conformismo, es realismo emocional.
Cuando ajustas expectativas, empiezas a disfrutar más el proceso y menos a castigarte por resultados que no dependen completamente de ti. Esto aplica al trabajo, las relaciones y los planes personales. Vivir con expectativas más humanas permite reconocer avances sin desvalorizarte.
Reducir la expectativa no reduce el valor de lo que haces; reduce el peso emocional innecesario.
– Por Paco Corral
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