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Disfrutar ya no siempre significa hacer grandes planes

Durante mucho tiempo se relacionó el disfrute con experiencias extraordinarias: viajes lejanos, eventos grandes o actividades fuera de lo común. Hoy muchas personas están redescubriendo el valor de los momentos simples dentro de la rutina diaria.
Tomar un café con calma, caminar por un lugar conocido o dedicar tiempo a una actividad tranquila puede generar satisfacción comparable a planes más elaborados. Este cambio responde en parte al ritmo acelerado de la vida moderna, donde los espacios simples ofrecen una pausa necesaria sin requerir grandes preparativos.

El disfrute cotidiano también implica ajustar expectativas. Cuando solo se consideran valiosos los momentos excepcionales, la mayor parte del tiempo parece insignificante. En cambio, aprender a reconocer pequeños momentos agradables transforma la percepción del día a día.

Esto no significa dejar de buscar experiencias especiales, sino ampliar la definición de disfrute. La vida está compuesta principalmente por momentos ordinarios, y encontrar valor en ellos permite vivir con mayor equilibrio emocional y menos dependencia de eventos extraordinarios.

– Por Paco Corral
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