Hace no muchos años, el entretenimiento tenía horarios claros. Había momentos específicos para ver televisión, ir al cine o escuchar música. Hoy el entretenimiento está disponible todo el tiempo y en cualquier lugar. Basta con sacar el celular para acceder a contenido infinito.
Esta disponibilidad constante cambió la relación con el ocio. Lo que antes era un espacio de desconexión ahora convive con el resto de las actividades diarias. Muchas personas consumen contenido mientras comen, trabajan o incluso conversan. El entretenimiento dejó de ser una pausa para convertirse en un fondo permanente.
Aunque esta accesibilidad ofrece comodidad, también ha reducido la capacidad de atención prolongada. La abundancia de opciones hace que todo compita por segundos de interés. Series, videos y publicaciones se consumen rápidamente, muchas veces sin recordar realmente qué se vio.
Recuperar momentos de entretenimiento más conscientes puede transformar la experiencia. Elegir qué ver o escuchar con intención permite disfrutar más y evita la sensación de saturación. El ocio sigue siendo necesario, pero su valor aumenta cuando deja de ser automático y vuelve a ser una elección.
– Por Paco Corral
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