Hace algunas décadas, la idea de éxito estaba ligada a trayectorias bastante claras: estabilidad laboral, crecimiento lineal y metas sociales definidas. Hoy, esa definición se ha vuelto mucho más difusa. Para algunas personas el éxito significa independencia, para otras equilibrio personal, libertad de tiempo o simplemente tranquilidad mental.
Este cambio responde a transformaciones culturales y laborales. Las nuevas generaciones crecieron viendo múltiples caminos posibles, pero también mayor incertidumbre. Como resultado, el éxito dejó de ser un modelo único y se convirtió en algo profundamente personal.
El problema aparece cuando conviven distintas definiciones al mismo tiempo. Compararse con estándares tradicionales mientras se intenta construir un camino distinto genera confusión. Muchas personas sienten que no encajan en ninguna categoría clara, cuando en realidad están redefiniendo lo que significa avanzar.
Aceptar que el éxito ya no es universal permite reducir la presión externa. Más que cumplir expectativas heredadas, el reto actual consiste en construir una versión propia que tenga sentido a largo plazo.
– Por Paco Corral
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