Escuchar parece una habilidad básica, pero en la práctica muchas personas escuchan con la intención inmediata de ofrecer soluciones. Aunque la intención suele ser positiva, no siempre es lo que la otra persona necesita.
En muchas ocasiones, quien habla no busca respuestas ni consejos, sino comprensión. Interrumpir con soluciones rápidas puede generar la sensación de no haber sido realmente escuchado. La escucha activa implica permitir que el otro termine, validar emociones y acompañar sin intervenir de inmediato.
Escuchar sin intentar resolver todo también reduce la carga emocional propia. Asumir la responsabilidad de solucionar problemas ajenos puede generar agotamiento innecesario. Acompañar no significa cargar con todo.
Desarrollar una escucha más consciente fortalece la confianza y mejora la calidad de las relaciones. A veces, el mayor apoyo no está en encontrar respuestas, sino en ofrecer atención genuina.
– Por Paco Corral
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