Hay películas que nos hacen saltar del asiento con monstruos, gritos y escenas aterradoras… pero ¿qué pasa cuando el verdadero miedo está en aquello que no podemos ver? Esa fue precisamente la fórmula que convirtió al cineasta mexicano Carlos Enrique Taboada en una leyenda del cine de terror, ganándose el sobrenombre de El Duque del Terror.
A casi tres décadas de su fallecimiento, su trabajo continúa conquistando a los amantes del suspenso y el horror, especialmente durante la temporada de Halloween, cuando sus historias vuelven a despertar la curiosidad de nuevas generaciones.
Nacido el 18 de julio de 1929 en la Ciudad de México, Taboada comenzó su trayectoria en 1950 como argumentista y director de programas de televisión. Posteriormente incursionó en el cine como guionista y director, hasta encontrar en el terror el género que marcaría para siempre su carrera.
¿Y cuál era su secreto? ¡No necesitaba grandes monstruos ni litros de sangre para provocar escalofríos! Su especialidad era jugar con la mente del espectador, construir atmósferas inquietantes y convertir lugares aparentemente normales en escenarios de auténticas pesadillas.
Entre sus películas más emblemáticas encontramos Hasta el viento tiene miedo, de 1968, que nos transporta a un internado femenino donde una joven comienza a experimentar fenómenos sobrenaturales relacionados con una antigua alumna fallecida.
También está El libro de piedra, de 1969; Más negro que la noche, de 1975, donde una antigua mansión y un misterioso gato se convierten en protagonistas de una historia escalofriante; y Veneno para las hadas, de 1984, una inquietante producción protagonizada por dos niñas cuya relación gira alrededor de la brujería y la imaginación.
Esta última película obtuvo importantes reconocimientos en los premios Ariel, incluyendo galardones en categorías como Mejor Película, Dirección, Edición y Fotografía.
Pero su influencia no terminó con su época. Algunas de sus historias tuvieron nuevas versiones cinematográficas y su obra continúa siendo objeto de preservación, como ocurrió con Veneno para las hadas, restaurada en resolución 4K por el IMCINE.
Así, Carlos Enrique Taboada dejó una huella imborrable en el cine nacional y demostró que, para provocar verdadero terror, no siempre hace falta mostrar aquello que nos asusta.
Porque a veces… una sombra, un ruido en medio de la noche o una puerta que se abre sola pueden ser suficientes para quitarnos el sueño.
¡Ese fue el talento del Duque del Terror, un maestro que convirtió el miedo en todo un arte cinematográfico!

