La reunión entre Carlos Torres Piña y la estructura de Reyna Celeste Ascencio adquirió una dimensión particular por lo que había ocurrido apenas unos días antes.
La senadora había señalado públicamente que durante el proceso interno de Morena no existieron condiciones de “piso parejo” y expresó inconformidades con la forma en que se desarrolló la competencia. Sin embargo, en la misma posición sostuvo que conocía el procedimiento y que los resultados debían respetarse.
Por eso el encuentro posterior con su estructura no significó borrar aquellas diferencias, sino colocarlas dentro de una nueva etapa. Ascencio mantuvo su llamado a la autocrítica y a mejorar los procedimientos internos, pero simultáneamente planteó fortalecer la unidad, preservar los principios fundacionales de Morena y mantener a la militancia organizada.
La imagen resulta todavía más significativa cuando se observa junto con los encuentros posteriores de Torres Piña con fundadores históricos y con Herederos de la Lucha. La estructura que acompañó a Celeste durante el proceso, militantes que vienen de los orígenes de Morena y una organización de más de 2 mil integrantes encabezada políticamente por Juan Pablo Celis están participando ahora en espacios con el coordinador. Más que desaparecer las diferencias, lo que comienza a observarse es la construcción de una ruta común después de la competencia interna.
