Si despegar es emocionante, aterrizar tiene una tensión completamente distinta. Aunque miles de vuelos ocurren todos los días alrededor del mundo, muchas personas siguen dejando de hacer lo que están haciendo para mirar por la ventanilla cuando el avión comienza a descender.
Parte del encanto está en la precisión. Ver cómo una aeronave enorme reduce velocidad, se alinea con la pista y toca tierra suavemente parece sencillo, pero detrás de ese momento hay una coordinación impresionante entre pilotos, controladores y personal en tierra.
Además, aterrizar siempre trae consigo una pequeña descarga de emoción. Es el cierre de una aventura, el inicio de unas vacaciones o el reencuentro con personas importantes.
También existe algo muy humano en ese instante. Después de horas suspendidos entre nubes, volver a tocar tierra genera una sensación de alivio y satisfacción difícil de describir.
Y quizá por eso, incluso quienes viajan con frecuencia, siguen mirando por la ventana durante el aterrizaje como si fuera la primera vez.
– Por Paco Corral
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