Aunque viajar en avión se ha vuelto algo relativamente común, pocas personas pueden resistirse a mirar por la ventana durante el despegue. Hay algo fascinante en ese momento exacto en el que una máquina de varias toneladas abandona la pista y se eleva hacia el cielo.
Parte del encanto está en la perspectiva. Desde arriba, las ciudades cambian por completo. Las calles que conocemos se convierten en líneas diminutas y los edificios parecen piezas de una maqueta. Por unos minutos, todo adquiere una escala diferente.
Además, el despegue simboliza muchas cosas. Para algunos representa el inicio de unas vacaciones soñadas. Para otros, un nuevo trabajo, una visita familiar o una aventura inesperada. Es un instante cargado de expectativa.
También existe un componente tecnológico. Incluso sin entender de ingeniería, resulta impresionante pensar en toda la coordinación y conocimiento que hacen posible algo que hace poco más de un siglo parecía imposible.
Quizá por eso muchas personas nunca dejan de emocionarse con ese momento. Porque despegar es mucho más que cambiar de lugar: es la sensación de que algo nuevo está a punto de comenzar.
– Por Paco Corral
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