Con el tiempo, es muy fácil acostumbrarse a los lugares donde vivimos. Dejamos de notar edificios históricos, parques bonitos o pequeños negocios porque forman parte del paisaje cotidiano.
Sin embargo, cada vez más personas están descubriendo lo interesante que puede ser actuar como turistas en su propia ciudad.
Visitar museos a los que nunca se ha entrado, probar restaurantes nuevos, recorrer barrios distintos o asistir a eventos culturales locales puede cambiar completamente la percepción del lugar donde vivimos.
Además, muchas veces damos por sentado atractivos que otras personas recorren cientos o miles de kilómetros para conocer.
Esta práctica también ayuda a romper la rutina sin necesidad de gastar demasiado o planear viajes complejos. Basta con mirar alrededor con un poco más de curiosidad.
Lo interesante es que una ciudad nunca permanece exactamente igual. Nuevos espacios abren, otros cambian y siempre existen historias que todavía no conocemos.
Y quizá la mejor manera de redescubrir un lugar es caminar por él como si fuera la primera vez, recordando que la aventura no siempre está lejos de casa.
– Por Paco Corral
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