La explosión en la refinería Refinería Antonio Dovalí Jaime ocurrió alrededor de las 8:30 de la noche del lunes 11 de mayo en la planta Hidros II, específicamente en una torre de enfriamiento donde circulan combustibles como gasolina, diésel y turbosina. Petróleos Mexicanos confirmó que el incendio fue controlado en aproximadamente 20 minutos por brigadas internas y que el saldo fue de seis trabajadores lesionados: tres empleados de Pemex y tres de una empresa contratista. Hasta este martes, cuatro continúan hospitalizados, mientras dos ya fueron dados de alta. Algunos reportes indican que al menos tres presentan quemaduras de consideración y podrían ser trasladados a hospitales de mayor especialidad.
De manera preliminar, trabajadores señalaron que el incidente pudo originarse por una posible ruptura de tuberías o por trabajos de mantenimiento en la zona, aunque Pemex aún no ha emitido un dictamen técnico final sobre la causa exacta. Lo que preocupa en el Istmo es que no se trata de un hecho aislado: tan solo en los últimos años esta refinería ha registrado incendios en 2017, 2022, 2023, 2024 y ahora 2026, lo que ha generado cuestionamientos sobre las condiciones de mantenimiento en una de las instalaciones petroleras más importantes del país.
La refinería de Salina Cruz es estratégica porque tiene capacidad para procesar cerca de 330 mil barriles diarios de crudo, aunque especialistas señalan que actualmente opera por debajo de su capacidad. Además abastece combustibles a gran parte del Pacífico mexicano y es clave para estados del sur-sureste. Pemex aseguró que las operaciones continúan con normalidad y que no existe riesgo para la población cercana, pero el accidente vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre seguridad industrial en una instalación clave para Oaxaca y para el sistema energético nacional.
