Existe una idea muy marcada de que las decisiones deben ser firmes y definitivas. Elegir algo implica sostenerlo, incluso cuando ya no tiene el mismo sentido que al inicio.
Sin embargo, cambiar de opinión también forma parte del crecimiento. A medida que se adquiere experiencia, es natural que las perspectivas se modifiquen.
El problema es que muchas veces se percibe el cambio como un error, cuando en realidad puede ser un ajuste necesario.
Darte permiso de cambiar implica reconocer que no siempre tienes toda la información desde el inicio. Lo que parecía correcto en un momento puede dejar de serlo más adelante.
Esto no invalida la decisión anterior, solo refleja que el proceso continúa.
Además, cambiar de rumbo no significa empezar desde cero. Todo lo aprendido se mantiene y aporta al siguiente paso.
Aceptar esta posibilidad permite tomar decisiones con mayor libertad y menos presión, porque no se trata de acertar siempre, sino de adaptarse cuando algo ya no encaja.
– Por Paco Corral
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