Durante mucho tiempo, los llamados “tiempos muertos” se percibían como espacios que había que llenar. Esperar en una fila, viajar en transporte o simplemente no tener nada inmediato que hacer parecía sinónimo de tiempo perdido.
Hoy, esos momentos siguen existiendo, pero casi siempre se ocupan automáticamente con el celular. Se revisan redes, mensajes o cualquier contenido que mantenga la mente entretenida.
Sin embargo, esos pequeños espacios tienen un valor que muchas veces se pasa por alto. Son momentos donde la mente puede descansar de estímulos constantes o incluso generar ideas sin presión.
Aprender a no llenar cada segundo permite experimentar el tiempo de otra manera. Observar el entorno, pensar sin un objetivo específico o simplemente estar presente puede ser más útil de lo que parece.
No se trata de eliminar el uso del celular, sino de decidir conscientemente cuándo usarlo y cuándo no.
A veces, esos momentos aparentemente vacíos son los que ayudan a que el día se sienta menos saturado.
Disfrutar los tiempos muertos no es perder tiempo, es recuperar espacios que antes pasaban desapercibidos.
– Por Paco Corral
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