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Decir que sí a planes espontáneos

La rutina tiene algo positivo: organiza el tiempo y da estructura al día. Pero también puede volverse tan predecible que deja poco espacio para lo inesperado.
En ese contexto, los planes espontáneos tienen un valor especial. Decir que sí a algo que no estaba planeado puede cambiar completamente el ritmo del día.

No se trata de hacer algo extraordinario. A veces, basta con aceptar una invitación, salir a caminar sin rumbo o decidir hacer algo diferente a lo habitual.

Este tipo de decisiones rompe la inercia. Introduce un elemento de novedad que, aunque sea pequeño, genera una sensación distinta.

Además, muchos de los mejores recuerdos no vienen de planes perfectos, sino de momentos que no estaban en la agenda.

Abrirse a lo espontáneo no significa perder el control, sino permitir que el día tenga espacio para algo más que lo planeado.

En medio de rutinas bien definidas, un pequeño cambio puede ser suficiente para que todo se sienta diferente.

– Por Paco Corral
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