Una de las frases más comunes en la vida adulta es “no tengo tiempo”. Sin embargo, en muchos casos, esta sensación no siempre está relacionada con la cantidad real de horas disponibles, sino con la forma en que se distribuyen.
El tiempo se fragmenta entre múltiples actividades pequeñas: revisar el celular, responder mensajes, cambiar de tarea constantemente. Estas interrupciones, aunque breves, generan la sensación de que el día se va sin haber avanzado realmente.
Además, la mente tiende a enfocarse en lo pendiente más que en lo realizado. Esto refuerza la idea de que no se hizo suficiente, incluso cuando sí hubo actividad.
La percepción del tiempo está más relacionada con la atención que con la duración. Cuando se realiza una actividad con enfoque, el tiempo se siente más claro y aprovechado.
Recuperar esa sensación no implica tener más horas, sino utilizarlas de manera más consciente. Reducir interrupciones y concentrarse en una tarea a la vez puede cambiar completamente la experiencia del día.
En muchos casos, el problema no es la falta de tiempo, sino la forma en que se vive.
– Por Paco Corral
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