La popularidad de crear contenido digital ha modificado la manera en que muchas personas miran su entorno. Actividades comunes como cocinar, viajar o caminar por la ciudad comenzaron a verse también como posibles historias que pueden compartirse.
Este fenómeno ha generado una nueva forma de atención hacia lo cotidiano. Detalles que antes pasaban desapercibidos ahora adquieren valor narrativo: la iluminación de un lugar, la estética de un platillo o el ambiente de una calle. La vida diaria se observa con mayor intención.
Aunque esta mirada puede fomentar creatividad, también plantea un desafío: encontrar equilibrio entre vivir una experiencia y documentarla constantemente. Cuando todo se observa únicamente como contenido potencial, existe el riesgo de perder espontaneidad.
La clave está en utilizar esta nueva perspectiva como herramienta de apreciación y no como obligación. Ver belleza o interés en lo cotidiano puede enriquecer la experiencia diaria, siempre que no sustituya la vivencia real del momento.
– Por Paco Corral
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