El aburrimiento solía ser una parte natural del día. Esperar sin distracciones, viajar sin entretenimiento inmediato o simplemente no tener nada que hacer eran experiencias comunes. Hoy, el aburrimiento parece casi inexistente gracias al acceso constante a contenido digital.
Aunque evitar el aburrimiento puede parecer positivo, también tiene consecuencias inesperadas. El aburrimiento cumplía una función importante: permitía que la mente divagara, imaginara y procesara ideas. Muchos momentos creativos nacían precisamente de esos espacios vacíos.
La estimulación constante reduce esos momentos de pausa mental. Cada segundo libre se llena automáticamente con el celular, música o contenido breve. Esto mantiene la mente ocupada, pero también limita la reflexión espontánea.
Recuperar pequeños momentos sin estímulos puede ayudar a reconectar con la creatividad y la observación del entorno. No se trata de eliminar el entretenimiento, sino de permitir que existan espacios donde la mente no esté dirigida constantemente por algo externo. A veces, el aburrimiento no es un problema que resolver, sino una oportunidad para pensar diferente.
– Por Paco Corral
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