La forma en que se experimentan eventos sociales también ha cambiado. Viajes, conciertos o reuniones suelen vivirse a través de la cámara del celular tanto como a través de la experiencia directa. Documentar momentos se ha vuelto casi automático.
Compartir experiencias tiene un valor social importante, pero también puede modificar la manera en que se viven. Cuando la atención se divide entre disfrutar y registrar, parte del momento se experimenta desde afuera.
Esto no significa que compartir esté mal, sino que invita a reflexionar sobre el equilibrio entre vivir y documentar. Algunos recuerdos más significativos suelen ser aquellos que se experimentaron plenamente, sin interrupciones constantes.
Volver a experimentar ciertos momentos sin la necesidad inmediata de compartirlos puede generar una conexión más profunda con lo que ocurre. A veces, los mejores recuerdos son los que permanecen solo en la memoria.
– Por Paco Corral
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