Durante mucho tiempo, el entretenimiento se volvió cada vez más complejo y digital. Plataformas infinitas, contenido constante y estímulos permanentes parecían dominar el tiempo libre. Sin embargo, en los últimos años ha ocurrido algo curioso: muchas personas están regresando a actividades simples como leer por gusto, cocinar sin prisa, armar rompecabezas o aprender habilidades manuales.
Este regreso no es casualidad. En un entorno saturado de pantallas, las actividades tangibles ofrecen algo que lo digital no siempre logra: sensación de avance real y concentración prolongada. Hacer algo con las manos permite desconectarse del ritmo acelerado y recuperar la atención sostenida.
Los hobbies simples también eliminan la presión del rendimiento. No se hacen para publicar resultados ni para obtener validación externa, sino por el proceso mismo. Esta diferencia cambia la relación con el tiempo libre, que deja de sentirse como consumo pasivo y se convierte en experiencia activa.
Redescubrir actividades sencillas recuerda que el entretenimiento no siempre necesita ser espectacular para ser significativo. A veces, lo más valioso es aquello que permite concentrarse en una sola cosa sin interrupciones constantes.
– Por Paco Corral
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