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La extraña sensación de tener todo más fácil y aun así sentir que todo cuesta más

La tecnología ha simplificado muchas tareas que antes requerían tiempo y esfuerzo. Hoy se puede pedir comida desde el celular, trabajar desde casa, resolver trámites en línea y comunicarse con cualquier persona en segundos. En teoría, la vida debería sentirse más ligera. Sin embargo, muchas personas experimentan exactamente lo contrario: una sensación constante de saturación.
Parte de esta contradicción surge porque cada avance tecnológico también trae nuevas expectativas. Si algo puede hacerse rápido, entonces se espera que se haga inmediatamente. La facilidad elimina tiempos muertos, pero también elimina pausas naturales que antes existían entre actividades. Lo que antes tomaba horas ahora toma minutos, y esos minutos se llenan con nuevas tareas.

Además, la disponibilidad permanente genera la idea de que siempre se debe responder, producir o estar presente. El límite entre tiempo personal y responsabilidades se vuelve difuso. Aunque las herramientas facilitan procesos, también amplían la cantidad de cosas que caben en un solo día.
La comodidad tecnológica no siempre equivale a tranquilidad. Adaptarse a este ritmo implica aprender a usar la tecnología como herramienta y no como extensión permanente de la obligación. La verdadera mejora en la calidad de vida no depende solo de tener procesos más rápidos, sino de decidir conscientemente qué merece realmente nuestra atención.

– Por Paco Corral
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