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La relación con el tiempo cambia conforme cambian las prioridades

La percepción del tiempo no es constante. En ciertas etapas parece avanzar lentamente, mientras que en otras los días pasan con una rapidez difícil de explicar. Esta sensación suele estar ligada a las prioridades y responsabilidades que se van acumulando con los años.

Cuando las obligaciones aumentan, el tiempo comienza a sentirse escaso. Aparece la sensación de que siempre falta algo por hacer o de que los días no alcanzan. Esto puede generar ansiedad y una presión constante por aprovechar cada momento.

Sin embargo, intentar controlar el tiempo suele producir el efecto contrario. Cuanto más se intenta llenar cada espacio, menos se disfruta. Aprender a relacionarse de forma más flexible con el tiempo implica aceptar que no todo podrá hacerse y que elegir también significa renunciar.

El tiempo no solo se administra, también se experimenta. Dedicar momentos a actividades que generen presencia y tranquilidad cambia la percepción del día a día. No siempre se trata de tener más tiempo, sino de vivirlo con mayor conciencia.

– Por Paco Corral
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