Ser empático y estar para los demás es una cualidad valiosa, pero cuando se lleva al extremo puede convertirse en una carga emocional pesada. Escuchar problemas, acompañar procesos difíciles y sostener emocionalmente a otros requiere energía y, si no se regula, puede generar agotamiento.
Muchas personas se acostumbran a ser el apoyo constante y olvidan revisar cómo se sienten ellas mismas. Esta dinámica puede generar una sensación de responsabilidad excesiva sobre el bienestar ajeno. Con el tiempo, aparece el cansancio emocional y la frustración.
Acompañar no significa absorber. Es posible estar presente sin cargar con todo. Establecer límites emocionales permite ayudar sin descuidarse. Reconocer cuándo se necesita descanso o cuándo algo supera la capacidad personal es una forma de autocuidado.
Cuidar de otros no debería implicar descuidarse a uno mismo. El equilibrio emocional se construye cuando se reconoce que no todo está en nuestras manos ni es nuestra responsabilidad resolverlo.
– Por Paco Corral
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