Skip to content

Convivir también cansa, aunque pocas veces se diga

Hablar de cansancio suele asociarse con el trabajo o las responsabilidades personales, pero pocas veces se reconoce que convivir también agota. Estar disponible emocionalmente, escuchar, adaptarse y negociar constantemente implica un esfuerzo que no siempre se valora. La convivencia cotidiana, ya sea en pareja, familia, trabajo o amistades, requiere energía emocional.
Este cansancio no surge porque las relaciones sean negativas, sino porque implican atención y presencia. Resolver desacuerdos, sostener conversaciones difíciles o simplemente acompañar a otros en sus procesos demanda recursos internos. Cuando no se reconocen estos esfuerzos, se corre el riesgo de saturarse sin darse cuenta.

Muchas personas se sienten culpables por necesitar espacio, cuando en realidad ese espacio es una necesidad legítima. Tomar distancia ocasional no significa desinterés, sino autocuidado. Permite recargar energía y volver a las relaciones con mayor disposición.

Reconocer que convivir también cansa ayuda a normalizar la necesidad de límites y pausas emocionales. Las relaciones sanas no exigen presencia absoluta, sino disponibilidad consciente y equilibrada.

– Por Paco Corral
Nos vemos en Giros Puebla de lunes a viernes, de 11 am a 1 pm