Con el tiempo, muchas personas descubren que vivir mejor no necesariamente significa tener más. Más compromisos, más responsabilidades y más estímulos suelen generar saturación y pérdida de enfoque. Simplificar la vida implica elegir con mayor cuidado en qué se invierte tiempo y energía.
Simplificar no es renunciar a metas ni conformarse con menos de lo deseado. Es eliminar lo que no aporta para dar espacio a lo que realmente importa. Reducir compromisos innecesarios, establecer prioridades claras y aprender a decir no forman parte de este proceso.
Cuando la vida se simplifica, las decisiones se vuelven más claras y el estrés disminuye. Se recupera tiempo para el descanso, las relaciones significativas y el autocuidado. La claridad que surge al simplificar permite vivir con mayor intención y coherencia.
Elegir una vida más simple es una forma de respeto hacia uno mismo y hacia el tiempo disponible. En un entorno que promueve el exceso, simplificar se convierte en un acto consciente de bienestar.
– Por Paco Corral
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