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Dormir mal se ha normalizado, pero sus efectos son profundos

Dormir poco o mal se ha convertido en algo común. Muchas personas sacrifican horas de sueño para cumplir con pendientes, entretenerse o simplemente porque les cuesta desconectarse. Sin embargo, la falta de descanso tiene consecuencias acumulativas que no siempre se reconocen de inmediato.

Dormir mal afecta la concentración, la memoria, el estado de ánimo y la capacidad de tomar decisiones. También incrementa la irritabilidad y reduce la tolerancia al estrés. Con el tiempo, estos efectos se reflejan en el rendimiento diario y en la salud emocional.
Priorizar el sueño no es un lujo ni una pérdida de tiempo. Es una necesidad básica que permite al cuerpo y a la mente recuperarse. Establecer horarios, reducir el uso de pantallas antes de dormir y crear rituales nocturnos puede mejorar significativamente la calidad del descanso.
Dormir bien no resuelve todos los problemas, pero sí brinda la energía necesaria para enfrentarlos con mayor claridad.

– Por Paco Corral
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