Existe la idea de que quien vive con calma ha renunciado a crecer o a aspirar a más. Sin embargo, la calma no está peleada con la ambición; al contrario, suele ser una aliada. Vivir con menos prisa permite tomar decisiones más conscientes y sostener los esfuerzos a largo plazo.
La ambición sin descanso termina convirtiéndose en desgaste. La calma ayuda a elegir mejor en qué vale la pena invertir energía y en qué no. No todo necesita resolverse hoy, ni todo requiere la misma urgencia. Aprender a dosificar el esfuerzo es una forma inteligente de avanzar.
– Por Paco Corral
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