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El desorden externo suele ser una señal de saturación interna

El desorden no aparece de la nada. Muchas veces es consecuencia directa del cansancio mental, la falta de tiempo o la sensación de que todo se está acumulando al mismo tiempo. Cuando la mente está saturada, resulta difícil mantener el orden en los espacios que se habitan.

Vivir rodeado de objetos fuera de lugar genera una distracción constante, incluso cuando no se es plenamente consciente de ello. El cerebro recibe estímulos visuales que le recuerdan pendientes, tareas inconclusas o decisiones pospuestas. Esto provoca una sensación permanente de incomodidad y tensión.

Ordenar no es solo una actividad doméstica, es una forma de autocuidado. No se trata de buscar perfección, sino de crear entornos funcionales que ayuden a reducir el ruido mental. Al poner orden afuera, muchas veces también se empieza a aclarar lo que sucede por dentro.

– Por Paco Corral
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