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Vivir siempre ocupados se ha vuelto normal, pero no necesariamente sano

En la actualidad, parecer ocupado se ha convertido en una forma de validación. Las agendas llenas, los mensajes sin responder y la sensación constante de ir contra el tiempo se presumen como señales de productividad. Sin embargo, este ritmo sostenido termina generando desgaste físico y mental que pocas veces se reconoce a tiempo.

El problema no es trabajar o tener responsabilidades, sino no permitir espacios de pausa. Cuando todo se vuelve urgente, el cuerpo y la mente entran en un estado permanente de alerta. Esto impacta el sueño, el estado de ánimo y la capacidad de disfrutar incluso los logros alcanzados.

Aprender a bajar el ritmo no significa abandonar objetivos, sino entender que una vida equilibrada también necesita silencios, descansos y momentos sin exigencia. A veces, hacer menos es la única manera de hacerlo mejor.

– Por Paco Corral
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