El pasado 11 de febrero, se conmemoró el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una fecha que busca reconocer el trabajo de millones de mujeres científicas y, al mismo tiempo, visibilizar las brechas que aún persisten en este ámbito.
En este contexto cobra relevancia el llamado “Efecto Matilda”, un fenómeno que describe cómo, a lo largo de la historia, los aportes de mujeres en la ciencia han sido minimizados o atribuidos a colegas varones.
El término fue acuñado en 1993 por la historiadora Margaret Rossiter, en honor a la activista Matilda Joslyn Gage, quien ya en el siglo XIX denunciaba la exclusión sistemática de las mujeres en los espacios académicos.
Existen casos emblemáticos como el de Rosalind Franklin, cuya investigación fue clave en el descubrimiento de la estructura del ADN, o Lise Meitner, fundamental en el hallazgo de la fisión nuclear, sin recibir el mismo reconocimiento que sus colegas hombres.
Aunque muchos ejemplos provienen del siglo pasado, especialistas señalan que el fenómeno no ha desaparecido. Estudios recientes advierten que las mujeres aún enfrentan mayores obstáculos para acceder a financiamiento, liderazgo y reconocimiento científico.
La conmemoración de esta fecha no solo celebra avances, sino que también invita a reflexionar sobre la importancia de garantizar igualdad de oportunidades para niñas y mujeres en la ciencia.