El aumento reciente de casos de sarampión en México durante 2026 ha reavivado el interés por distinguir esta enfermedad de otras infecciones virales que afectan a la población, como la varicela o la viruela. Aunque comparten la característica de provocar erupciones en la piel, existen diferencias clave en sus síntomas, formas de transmisión y disponibilidad de vacunas.
El sarampión es una infección viral altamente contagiosa causada por el virus del mismo nombre. Los síntomas iniciales suelen incluir fiebre alta, congestión nasal, tos seca y enrojecimiento de los ojos.
A estos signos les sigue la aparición de un exantema, es decir, manchas rojas que suelen comenzar en el rostro y extenderse al resto del cuerpo.
En adultos, estos síntomas pueden presentarse con mayor intensidad y provocar malestar general más marcado.
El riesgo de complicaciones serias, como neumonía, hepatitis, encefalitis y afectaciones al sistema nervioso central, es más alto en adultos no inmunizados o con enfermedades de base. Las hospitalizaciones y muertes asociadas al sarampión también son proporcionalmente más altas en adultos, comparado con la población infantil.
La varicela es provocada por el virus varicela-zóster y se reconoce por una erupción cutánea compuesta por vesículas que causan picazón intensa.
Los primeros síntomas suelen ser fiebre moderada y malestar general, seguidos de la aparición de ampollas que evolucionan a costras. Este virus se transmite tanto por contacto directo con las lesiones como por vía aérea.
La vacuna contra la varicela está disponible en México desde hace más de una década y ha reducido de manera significativa las complicaciones graves asociadas a la enfermedad. El esquema de vacunación contempla dos dosis, recomendadas para todos los niños y para adultos sin antecedentes de haber padecido la enfermedad o sin registro de vacunación previa.
