Si usted vivió su juventud en entre 2008 y 2015 en Tapachula, seguro lo conoce. El Chipilín, ese motel que apagó la pasión de muchos… pues hoy decidió prenderse él solito, bueno eso es lo que parece. Desde temprano, el inmueble abandonado empezó a sacar humo negro como si estuviera eligiendo nuevo Papa. La diferencia es que aquí no hay fe… hay fogatas.
El famoso Chipilín, propiedad privada y guarida oficial de delincuentes y personas en situación de calle, volvió a incendiarse, pero no por el fuego de la pasión. Y no es la primera vez. Resulta que el motel que antes apagaba pasiones ajenas, ahora las prende… pero de verdad. ¿El motivo? Indigentes prenden fogatas para aguantar el frío de la noche o ahuyentar animales.
Del Chipilín ya solo quedan los recuerdos… y ni esos. El lugar fue desvalijado con calma si preocupación por la seguridad: se llevaron el cobre, los apagadores, el cableado y hasta el último tornillo vendible. Lo curioso es que está cerquita de las oficinas de la Policía Municipal. Tan cerquita, que el humo les debió llegar al café. Pero, sorpresa: nadie llegó a controlar la quemazón.
Vecinos dicen que el Chipilín se incendia más seguido que la rosa de Guadalupe. Cada que baja la temperatura, alguien prende su fogatita para el frío y el motel hace su show.
En diversas ocasiones vecinos han hecho un llamado a las autoridades: o lo clausuran, o lo derrumban, o le ponen veladoras para que al menos el incendio sea oficial. Las personas que caminan por el lugar sobre todo mujeres están en riesgo de ser metidas a la fuerza a dicho espacio enmontado y solitario.
El Chipilín pasó de motel del amor a sauna público involuntario y a basurero público. Si las paredes hablaran, hoy mejor le paramos no sea que salga uno que otro quemado.
