Por: Gilaur Gallegos | Conductor de televisión y asesor certificado en bienestar integral
El aumento en los termómetros es un desafío global que se vive con fuerza en distintas regiones del mundo. Más allá de la incomodidad evidente que provoca el clima cálido, existe un factor crítico al que pocas veces prestamos atención en el hogar: el comportamiento y la evolución de los alimentos ante el calor.
La seguridad alimentaria no es un concepto exclusivo de los laboratorios, sino que representa uno de los pilares más fundamentales de la salud pública y el bienestar en nuestra vida diaria. Para entender cómo proteger lo que servimos en la mesa, la ciencia recurre a la microbiología de los alimentos, una disciplina que estudia la compleja interacción entre nuestro organismo y los seres vivos microscópicos.
En los productos que consumimos diariamente conviven desde microorganismos benéficos o inocuos que se encuentran de forma natural (la microflora normal), hasta aquellos agentes biológicos que representan un verdadero riesgo epidemiológico para cualquier persona, sin importar su ubicación geográfica.
El mapa de los enemigos invisibles: bacterias, virus y hongos
Garantizar la inocuidad (es decir, asegurarnos de que un alimento no nos haga daño) requiere entender que los principales agentes biológicos, como las bacterias, los virus y los hongos, tienen características morfológicas y fisiológicas totalmente distintas.
No todos los microorganismos se comportan igual ni se destruyen de la misma manera. Por ello, conocer su clasificación dicta las medidas de control exactas que se deben aplicar en toda la cadena alimentaria, desde su origen y almacenamiento hasta el momento en que llega al plato del consumidor.
El secreto de su supervivencia: factores intrínsecos y extrínsecos
Es fundamental aclarar que la simple presencia de un microorganismo en la comida no determina por sí sola un peligro inmediato. El verdadero riesgo sanitario se manifiesta cuando se combinan dos tipos de variables que definen su capacidad de sobrevivir y multiplicarse a gran velocidad:
• Factores intrínsecos (propios del alimento): Tienen que ver con la naturaleza del producto, como su nivel de acidez (pH), los nutrientes que posee y su actividad de agua o humedad disponible. Hay alimentos que, por su propia composición, son mucho más vulnerables que otros.
• Factores extrínsecos (el ambiente): Son las condiciones externas que se permiten o controlan en el entorno, principalmente el tiempo de exposición ambiental, la falta de refrigeración adecuada, transporte y el manejo higiénico deficiente.
Cuando estos factores se alinean debido a un descuido o una mala manipulación, las bacterias se reproducen de forma exponencial en cuestión de minutos, lo que compromete no solo la salud del consumidor, sino también la integridad nutricional de los alimentos.
Tres reglas de oro para aplicar en la cocina
Frente a las altas temperaturas, la implementación de hábitos preventivos en el hogar es la estrategia más efectiva para frenar los brotes gastrointestinales. A continuación, les detallo las directrices clave que se deben seguir de manera rigurosa:
1. Conservar estrictamente la cadena de frío
El error más común en los días calurosos es dejar los alimentos preparados a temperatura ambiente por más de dos horas. Si la comida ya no está caliente, debe refrigerarse de inmediato, idealmente por debajo de los 4 °C. El frío del refrigerador no mata a las bacterias, pero detiene por completo su metabolismo y su capacidad de dividirse.
2. Evitar la contaminación cruzada
Los patógenos viajan con mucha facilidad a través de las manos y las herramientas de trabajo. Si se utiliza un cuchillo o una tabla para cortar carne cruda, jamás deben emplearse para picar alimentos listos para el consumo, como verduras, frutas o pan, sin haberlos lavado y desinfectado minuciosamente antes.
3. Garantizar una cocción completa
El fuego controlado es el mejor purificador en la cocina. Es indispensable asegurarse de que las carnes, aves, pescados y mariscos alcancen temperaturas internas de cocción adecuadas. El calor alto y uniforme es el único capaz de garantizar la desnaturalización térmica y la destrucción de la gran mayoría de los virus y bacterias viables.
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Prevención con criterio clínico
La adopción de prácticas conscientes en la manipulación y conservación de lo que consumimos va más allá de un simple hábito doméstico; constituye una responsabilidad sanitaria directa. Modificar las alteraciones en el manejo diario de los alimentos y fortalecer el criterio clínico preventivo es la herramienta más poderosa para ganarle la batalla a las Enfermedades Transmitidas por Alimentos (ETAs).
Al final del día, la salud y el bienestar de las familias comienzan con las decisiones que se toman en la cocina. Ante las altas temperaturas, la prevención siempre estará en nuestras manos.
Gilaur Gallegos
Conductor de GirosMX y Tu Música en Canal 13 | Asesor en nutrición
