La Coordinación General de Servicios de Salud (CGSS) de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), a través de su área de Promoción de la Salud, hace un llamado a la comunidad universitaria y a la sociedad en general a reforzar los hábitos de hidratación y cuidado ante el calor extremo que se presenta en el estado.
En entrevista, la responsable del área, Martha Guillermo Magaña, destacó la importancia de mantener una adecuada ingesta de líquidos como una medida esencial para preservar la salud y prevenir afectaciones derivadas de las altas temperaturas.
La especialista explicó que el agua es indispensable para el correcto funcionamiento del organismo, ya que interviene en procesos vitales como la regulación de la temperatura corporal, la lubricación de articulaciones, el mantenimiento de la piel y el adecuado funcionamiento del sistema digestivo.
Asimismo, señaló que el cuerpo pierde agua de manera constante a través de la respiración, la piel, la orina y otros procesos fisiológicos, por lo que es necesario reponer estos líquidos de forma continua. En condiciones normales, una persona puede perder hasta 2.5 litros de agua al día, cantidad que incrementa considerablemente en climas cálidos como el de la región.
En ese sentido, subrayó que la sensación de sed no debe ser el principal indicador para hidratarse, ya que cuando aparece, el organismo ya presenta un grado de deshidratación. Entre los principales síntomas asociados a esta condición se encuentran mareos, dolor de cabeza, fatiga, debilidad, falta de concentración, boca seca y disminución del apetito, además de la pérdida de minerales esenciales como sodio y potasio, lo que puede afectar el funcionamiento general del cuerpo.
Guillermo Magaña también compartió diversas recomendaciones para mantener una hidratación adecuada, entre ellas consumir entre 1.5 y 3 litros de agua al día, dependiendo de la actividad física y las condiciones climáticas; hidratarse de manera constante a lo largo del día; llevar siempre una botella de agua para monitorear el consumo, y evitar bebidas alcohólicas, ya que favorecen la deshidratación.
También sugirió añadir ingredientes naturales como limón, pepino o menta para mejorar el sabor del agua y facilitar su ingesta, así como prestar especial atención a grupos vulnerables como niñas, niños y personas adultas mayores.
En relación con el consumo de bebidas hidratantes, explicó que los electrolitos de uso clínico pueden ser útiles en ciertos casos, pero no es necesario recurrir de forma habitual a bebidas deportivas. Como alternativa, recomendó preparar soluciones caseras añadiendo una pizca de sal y unas gotas de limón al agua, lo que permite reponer minerales de manera accesible.
Asimismo, enfatizó que durante la actividad física es fundamental hidratarse antes, durante y después del ejercicio, especialmente en condiciones de calor.
Finalmente, advirtió sobre algunos mitos relacionados con la sudoración, como la creencia de que sudar más implica perder peso, aclarando que la pérdida corresponde únicamente a líquidos que se recuperan al rehidratarse. También desaconsejó el uso de fajas o prendas que incrementan la sudoración, ya que pueden elevar la temperatura corporal y aumentar el riesgo de deshidratación o golpe de calor.
Como parte de una prevención integral, recomendó evitar la exposición prolongada al sol en las horas de mayor intensidad, utilizar ropa ligera, aplicar protector solar y mantenerse en espacios frescos.
