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Dormir bien y tomar siestas cortas mejora la memoria y el rendimiento académico, revelan investigaciones recientes de la Universidad de Friburgo y la Universidad de Ginebra

La calidad del sueño es clave para el aprendizaje. Investigaciones recientes de la Universidad de Friburgo y la Universidad de Ginebra, publicadas en la revista científica NeuroImage, confirman que no solo importa cuántas horas se duerme, sino cómo se descansa. Incluso con siete u ocho horas en cama, un sueño de baja calidad puede afectar la memoria, la atención y la capacidad de procesar nueva información.

Los especialistas explican que el sueño actúa como un “reinicio” cerebral: durante la noche se reorganizan y fortalecen las conexiones neuronales que permiten consolidar recuerdos. Cuando este proceso falla, el rendimiento académico y cognitivo disminuye.

Además, los estudios señalan que una siesta de entre 30 y 45 minutos puede optimizar el aprendizaje diario. En pruebas con adultos jóvenes, 45 minutos de descanso diurno ayudaron a reorganizar la actividad cerebral y mejorar la retención de información. Dormir solo 10 minutos resulta insuficiente, mientras que siestas de dos horas pueden generar somnolencia y alterar el descanso nocturno.

La falta de sueño y el insomnio, especialmente en adolescentes, se asocian con bajas calificaciones, menor concentración y afectaciones emocionales. Los expertos recomiendan mantener horarios regulares, evitar pantallas antes de dormir y considerar siestas cortas estratégicas. La conclusión es clara: dormir bien no es un lujo, sino una herramienta esencial para aprender mejor.