En el marco del Día del Niño, aunque México enfrenta retos en materia de infancia, también registra avances importantes que lo colocan por encima o a la par de países en desarrollo.
Uno de los casos más claros es la reducción de la mortalidad infantil, un indicador clave a nivel global. En México, esta tasa ha caído más de 60% desde 1990, reflejo de mejoras sostenidas en atención médica, vacunación y cuidado materno-infantil.
Actualmente, el país registra alrededor de 12.7 muertes por cada mil nacimientos, una cifra menor que la de países como Colombia que registra 16.5.
Aunque aún está lejos de potencias europeas como Finlandia que registran menos de dos muertes por cada mil nacimientos, el avance sostenido muestra que México ha logrado cerrar parcialmente la brecha en uno de los indicadores más sensibles de bienestar infantil.
En materia de vacunación infantil, México mantiene uno de los esquemas más completos a nivel internacional, comparable con el de países desarrollados, al incluir biológicos como la BCG contra la tuberculosis, hepatitis B, pentavalente, rotavirus, neumococo, triple viral e influenza. Incluso, a diferencia de naciones europeas como Alemania o Reino Unido, el país aún aplica de forma universal la vacuna contra la tuberculosis desde el nacimiento, lo que amplía la protección en la primera infancia.
Además, la inclusión sistemática de vacunas como rotavirus y neumococo coloca a México por encima de varios países de ingreso medio que no cuentan con esquemas tan amplios. Sin embargo, el reto está en la cobertura. En 2024, México alcanzó alrededor de 78% de vacunación infantil, por debajo del promedio de la OCDE.
Continuando con salud, el país también muestra algunos indicadores positivos frente a economías avanzadas. Por ejemplo, México registra menos hospitalizaciones evitables que el promedio de la OCDE, lo que sugiere cierto nivel de eficiencia en la atención primaria. Además, cerca del 78% de la población cuenta con acceso a servicios básicos de salud, una cobertura comparable con varios países de ingreso medio en América Latina.
En términos de hábitos y entorno, también hay datos relevantes que juegan a favor del bienestar infantil en México. El país presenta niveles de consumo de alcohol y tabaquismo por debajo del promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, lo que incide directamente en la salud de niñas y niños.
Por ejemplo, el consumo anual de alcohol per cápita en México se ubica alrededor de 5.5 litros, frente a un promedio de la OCDE que supera los 8.5 litros, mientras que la tasa de tabaquismo en adultos ronda el 16%, también por debajo del promedio del organismo, que se acerca al 18-20%. Estos indicadores son relevantes porque están directamente asociados con menores niveles de exposición infantil a humo de segunda mano, violencia intrafamiliar y problemas de salud derivados del consumo. Este entorno relativamente menos expuesto a estas conductas de riesgo contribuye a mejores condiciones de desarrollo a largo plazo. Diversos estudios han documentado que crecer en hogares con menor consumo de alcohol y tabaco reduce la probabilidad de enfermedades respiratorias, problemas de aprendizaje y conductas adictivas en etapas posteriores.
En materia educativa, México también presenta avances relevantes en el acceso a la enseñanza básica, un factor clave para el desarrollo infantil. La tasa de matriculación en primaria supera el 98%, un nivel prácticamente universal y comparable con países de la OCDE. Este indicador coloca al país por encima o a la par de varias naciones de América Latina como Perú o Colombia, donde aún persisten mayores brechas en zonas rurales.
Además, la escolaridad obligatoria en México se ha ampliado hasta la educación media superior, lo que en papel alinea su sistema con estándares de países desarrollados.
Finalmente, en términos de bienestar y felicidad infantil, también existen mediciones internacionales que permiten comparar la calidad de vida de niñas y niños más allá de lo económico. Reportes de la UNICEF, que analizan variables como salud mental, relaciones sociales, educación y satisfacción con la vida, muestran que países europeos encabezan los rankings como los mejores lugares para crecer. Sin embargo, estos mismos estudios revelan un dato llamativo: el nivel de riqueza no garantiza mayor felicidad infantil.
En ese contexto, México aparece como un caso interesante. Aunque no lidera los índices generales de bienestar, principalmente por factores estructurales como pobreza o desigualdad, sí destaca en algunos componentes específicos, como la satisfacción con la vida reportada por los propios niños, donde se ha ubicado por encima de varios países europeos en ciertos estudios comparativos. Esto sugiere que, pese a las carencias materiales, factores como redes familiares, convivencia social y sentido de comunidad influyen positivamente en la percepción de los menores.
A nivel regional, estos avances colocan a México en una posición intermedia pero sólida: por encima de varios países latinoamericanos en acceso a servicios y con avances sostenidos en indicadores clave, aunque todavía por debajo de los estándares de Europa.
Con estos avances, México se ubica como una nación que ha avanzado en indicadores fundamentales de la infancia como salud y supervivencia.
