Para la soldado Mariana Itzel Hernández Bautista, llegar a Yucatán significó descubrir una realidad muy distinta a la que conoció en la Ciudad de México. Con apenas dos años de servicio en la Guardia Nacional, asegura que trabajar en la entidad “es una bendición”, no sólo por los niveles de seguridad, sino también por la cercanía que la población mantiene con los elementos de la corporación.
“Aquí la gente es muy amable y eso hace la diferencia”, comentó.
Además de desempeñar labores operativas, Mariana también es madre de una bebé, una faceta que, afirma, ha podido compaginar gracias a las prestaciones y apoyos que ofrece la institución para las mujeres.
Durante su estancia en Yucatán ha participado en operativos de seguridad, recorridos de vigilancia, cateos y en la atención de emergencias, como el combate al incendio forestal registrado en Sisal. Convencida de su vocación, asegura que invitaría a más mujeres a incorporarse a la Guardia Nacional “con orgullo y mucho gusto”.
La historia de Mizrain Jacinto Canul Canul es distinta, pero comparte el mismo sentido de pertenencia. Originario de Yucatán, ingresó a la Guardia Nacional en 2023 y, aunque ha participado en despliegues en Acapulco tras el paso de un huracán, en Chihuahua y en Morelos durante el proceso electoral, reconoce que servir en su estado natal tiene un significado especial. “Aquí apoyamos a muchas familias. Es un lugar muy seguro, muy pacífico y con gente muy amable”, expresó.
Para ambos jóvenes, portar el uniforme representa mucho más que enfrentar riesgos: es una oportunidad para servir a la ciudadanía. Mientras Mariana destaca el crecimiento de la participación femenina dentro de la institución, Mizrain recuerda que su sueño de convertirse en militar nació desde niño. Hoy, ambos coinciden en un mismo mensaje: formar parte de la Guardia Nacional es una vocación que se ejerce con orgullo, disciplina y el compromiso de contribuir a la tranquilidad de las familias mexicanas.
