En México viven alrededor de 1.3 millones de personas con algún tipo de demencia, cifra que podría incrementarse a 3.5 millones para 2050. En Yucatán, existen estimaciones que ubican entre 17 mil y 20 mil las personas mayores que viven con algún tipo de demencia, señaló el especialista en Gerontología José Miguel Ceballos Pinto, presidente de la Asociación Alzheimer del Sureste.
En el marco del Día Mundial del Alzheimer, que se conmemora cada 21 de septiembre, el programa “Con Canas y Con Ganas” de Radio Universidad dedicó una de sus emisiones a conocer esta enfermedad neurodegenerativa y despejar algunas de las dudas que existen en torno a ella.
Durante la transmisión en vivo, Ceballos Pinto explicó que el Alzheimer es la forma más común de demencia y que, aunque se presenta con mayor frecuencia en personas adultas mayores, no debe considerarse una consecuencia normal del envejecimiento.
Indicó que, desde el punto de vista biológico, la enfermedad de Alzheimer se caracteriza por la acumulación anormal de proteínas en el cerebro, lo que afecta progresivamente el funcionamiento de las neuronas. Desde el punto de vista clínico, la pérdida de memoria es uno de sus principales síntomas, pero no es el único: también pueden presentarse dificultades con el lenguaje, la orientación, el cálculo y otras funciones cognitivas, además de cambios en el estado de ánimo, la personalidad y la conducta.
En este sentido, enfatizó que “Alzheimer y demencia no son sinónimos”. Mientras el Alzheimer es una enfermedad que afecta al cerebro, la demencia es el conjunto de síntomas que pueden llegar a interferir de manera significativa en la vida cotidiana de una persona.
El especialista también habló sobre los factores que pueden incrementar el riesgo de desarrollar Alzheimer. Entre los no modificables mencionó la edad, los antecedentes familiares y la carga genética; mientras que entre los potencialmente modificables se encuentran el bajo nivel educativo, tabaquismo, consumo de alcohol, colesterol LDL elevado, inactividad física, obesidad, diabetes, hipertensión, aislamiento social, pérdida auditiva, déficits visuales y contaminación del aire.
Respecto a la detección, explicó que las primeras señales pueden ser identificadas tanto por la propia persona como por quienes conviven con ella. Cambios en la memoria, dificultades para orientarse o para encontrar palabras, así como modificaciones en el comportamiento, pueden ser motivos para buscar una valoración profesional.
El proceso de atención, detalló, puede resumirse en cuatro momentos: detectar que existe un cambio, evaluar y diferenciar otras posibles causas, integrar la información para establecer un diagnóstico y, posteriormente, iniciar un tratamiento que puede incluir modificaciones en el estilo de vida y alternativas farmacológicas y no farmacológicas. Para el diagnóstico pueden intervenir especialistas como neurólogos, geriatras y psiquiatras, aunque otros profesionales de la salud también pueden contribuir a identificar señales de alerta y canalizar a la persona.
Finalmente, Ceballos Pinto destacó que el Alzheimer no impacta únicamente a quien recibe el diagnóstico, sino también a su entorno familiar. Conforme avanza la enfermedad y aumenta la necesidad de apoyo para realizar actividades cotidianas, adquiere mayor relevancia la figura de la persona cuidadora, quien también requiere acompañamiento y atención.
En este sentido, invitó a familiares y cuidadores a acercarse al grupo de apoyo “Haroldo”, de la Asociación Alzheimer del Sureste, que sesiona de manera mensual, el cuarto jueves de cada mes a las 17:00 horas, en modalidad híbrida. El grupo es gratuito y busca brindar información, compartir experiencias y generar redes de apoyo entre quienes acompañan a personas con Alzheimer u otros tipos de demencia.
